A esta sentencia tan conocida ya la sabiduría popular le ha agregado otra frase: .. pero ¿quién lo aplancha?
Nace esta reflexión cuando retrocedemos unos cinco lustros al pretérito. Hubo en Manizales un encuentro de adolescentes comprometidos con la Acción Católica de los diferentes pueblos del Departamento.
En esta ocasión, a los residentes en Manizales les tocaba el encargo de albergar a los grupos visitantes. Fue así como en casa de la familia Carreño albergaron a un pequeño grupo entre los que estaba el joven adolescente Hernán... participante en representación de Aguadas.
Hernán sabía de vacunos y de ordeño; muchos años de su niñez los vivió en la finca de su progenitor. Sacó a relucir sus conocimientos agropecuarios, cuando estaba en el encuentro de Acción Católica en Manizales; de hecho, cuando sentía que don Eduardo se alistaba para salir por las vacas para el ordeño, el acucioso muchacho, ni corto ni perezoso, se alistaba para colaborarle al dueño de casa en el trabajo de la madrugada. Arriaban las vacas hasta el sitio de ordeño, en donde estaban los terneritos esperándolas, les picaban la penca y las cáscaras de plátano, en fin, el diligente Hernán, sin darle importancia al pantano que se pegaba de sus zapatos tenis, colaboraba en la tacna matinal, mientras llegaba la hora de las actividades programadas en el gran encuentro juvenil.
Cuando iba a pensar él joven Héctor Hernán Ramírez Ríos que ese terreno húmedo, con algunas aguas albañales, y una atmósfera brumosa o llena de neblina como la de su tierra Aguadas, sería años más tarde un lugar bello, con jardines al rededor de muchas construcciones y un templo imponente?
"El mundo sí es un pañuelo”. Precisamente ese muchacho Hernán, quien colaboró en el ordeño de las tres o cuatro reses que, suponemos, antes fueron de Monseñor de los Ríos y después de don Eduardo Carreño, fue nombrado párroco del templo de Nuestra Señora del Pilar. Como quien dice, “vaya y colabore en la planchada de este pedazo de pañuelo”.
La avalancha de 1965
El Fondo Nacional del Ahorro y el Instituto de Crédito Territorial habían comprado a “Robledo y Borrero Ltda.”, y a don Eduardo Carreño el terreno al que antes nos hemos referido. Ya avanzaba la década del 60, llegaron los ingenieros con sus cuadrillas provistas de picas y palas para encauzar las aguas y adaptar el terreno brevemente atrás descrito, para construir varias células con muchas agrupaciones de viviendas. Principiaron con la estrategia de las barreras transversales o trinchos con guadua para retener la tierra arrastrada por las aguas..
Faltó monitorizar las obras para detectar posibles anomalías en el sistema del bombeo, porque la naturaleza no perdona cuando le cambian el camino de su cauce natural, y con los aguaceros comunes en el clima de Manizales no puede haber descuido; la noche del miércoles 27 de octubre se fueron los trinchos con agua y lodo y el coeficiente de escorrentía fue muy superior a lo imaginado por los habitantes del barrio “El triunfo”. Al día siguiente se expandio la noticia por todo el mundo: “Más de 25 muertos; la avalancha de agua y lodo arrasó casi la totalidad del barrio El Triunfo”. Fue una tragedia que obligó a la inmediata creación de un comité de ayuda. Hasta el Papa aportó su óbolo. Los grupos musicales de Manizales organizaron sus presentaciones; la conocida figura del toreo, Pepe Cáceres, demostró una vez más su amor a Manizales y ofreció una corrida en favor de los damnificados. El padre Francisco Giraldo González inició la construcción de un plan de vivienda en terreno contiguo a las laderas de San Cancio, con el fin de buscar la solución de vivienda para quienes perdieron su rancho.
Barrio Villa Pilar
Después de esta dolorosa tragedia, continuaron con la obrá proyectada. Canalizaron la quebrada de El Zacatín y su cuenca hoy va debajo de la Avenida de Villa Pilar. El Instituto de Crédito Territorial inició la construcción de los bloques de vivienda. Células uno, dos, tres...
Los constructores también habían comprado a don Eduardo Carreño el terreno que Monseñor de los Ríos le había asegurado como parte de la liquidación de las prestaciones sociales.
Cuando aumentó la población, se vio la necesidad de la creación de la Parroquia; al párroco de Nuestra Señora del Rosario de Chipre ya le quedaba demasiado pesado para atender la feligresía, aunque se contaba desde mucho tiempo atrás con la acción pastoral ejercida por los Padres Agustinos de La Linda y con el nutrido grupo de seminaristas. Doña Aracelly Soto Jiménez, con más de treinta años de residencia en el núcleo uno de la célula 13, sí puede ser testigo fiel de esa acción pastoral; precisamente recuerda que a la entrada de su conjunto habitacional se celebraba la Misa; más aún, en una de las habitaciones del apartamento de doña Aracelly llegó a demarcarse un “rinconcito” para los secretos de la confesión, es decir, que entre esas paredes quedaron perdonados veniales y mortales de muchos de los primeros habitantes de Villa Pilar; así lo de “la paredes tienen oídos” puede aquí refutarse, pues en ese rincón pecadillos y pecados quedaron en él eviterno encierro.
Vino luego la construcción del Colegio en el gobierno del Presidente Julio César Turbay Ayala; empezó labores en 1978, con Leónidas López Morales como rector y Latiffe Abdalá de Paz como coordinadora; esta institución educativa llevaba el nombre de “Colegio Mariano Ospina Pérez”. El padre Antonio Nieto, con una comisión de vecinos, consiguieron de la Secretaría de Educación del Departamento la autorización para la celebración de los actos litúrgicos de nuestra Parroquia, en el aula máxima del plantel educativo. Como fue parte de nuestro espacio, comentamos un poco de su historia: cuando construyeron el edificio, no se percataron de que estaban ocupando parte del predio de una familia de apellido Morante. Naturalmente, hubo litigio, el cual debió resolverse por las vías jurídicas; el colegio siguió su propia historia y hoy figura como Colegio Integrado Villa del Pilar.
Con los auxilios parlamentarios logrados por el doctor Rodrigo Marín Bernal, líder político caldense, en este sitio se construyó la Clínica de los Seguros, en 1987. Fue también espacio para las celebraciones litúrgicas de nuestra Parroquia.
El doctor Gustavo Robledo Chavarriaga, gerente del Instituto de Crédito Territorial, había estado en Zaragoza en donde conoció de la devoción a Nuestra Señora del Pilar. Fue él quien propuso dedicar el nuevo Templo para venerar a la Madre de Cristo, la misma que sobre un pilar se apareció al Apóstol Santiago en Zaragoza; los feligreses aceptaron con mucho agrado y en la Arquidiocesis de Manizales se produjo el “Nihil Obstat”. Es un hecho significativo para la historia, pues, según declaración de algunos feligreses, fue el argumento de más peso en el platillo de la balanza para asignarle al sector el nombre de “Villa Pilar”.
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