viernes, 5 de octubre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Doña Aracelly Soto

6. GRANDES COLABORADORES

Doña Aracelly Soto

En la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, muchos feligreses desconocen la silenciosa actividad pastoral realizada por doña Aracelly. Ya en el capítulo anterior nos hemos referido a esta dama de tanta nobleza. Vecina de este sector durante 32 años la autorizan como testigo fiel de muchos aconteceres de la vida

parroquial. Por inclinación natural de su corazón, resultó como dama voluntaria en una pastoral social de la Clínica de los Seguros Sociales, durante 12 años, colaborándoles a los enfermos.

Este mismo grupo fundó el “Hogar de Paso”, lugar para prestarles la colaboración a los familiares de los enfermos. Al llegar el padre Hernán a la administración de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, le hizo frente a toda esa actividad social del grupo que antes parecía ser sólo de la Clínica. Ahora, es la Parroquia la que ha estado al frente de ese grupo de admirables damas; ellas, no sólo han estado frente al Hogar de paso, sino también al Restaurante en donde se proporciona el- almuerzo a muchos niños estudiantes pobres del sector. La hija de doña Aracelly, Adriana Aristizábal Soto, administradora de Empresas, comunicadora social y periodista y diplomática es cónsul en Nueva York. Ella se ha convertido en una verdadera embajadora y, gracias a ella, está tomando fuerza la actividad en el Restaurante atendido por las damas voluntarias.

jueves, 4 de octubre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Doña Lina Patricia Velásquez Henao - Doña Colombia Mejía de Jiménez

6. GRANDES COLABORADORES 


Doña Lina Patricia Velásquez Henao 

Principió su labor al frente del Despacho Parroquial el 20 de marzo de 2007, siendo párroco el Presbítero Horacio Gómez Orozco, con quien laboró hasta el 14 de marzo de 2010. Luego, continuó con el Presbítero Jorge Eliuth López Hernández, quien fue nombrado párroco desde el 15 de marzo de 2010; el padre Jorge Eliuth estuvo frente a la Parroquia hasta el 31 de diciembre de 2011; le siguió el presbítero Héctor Hernán Ramírez Ríos. 


6. GRANDES COLABORADORES 

Doña Colombia Mejía de Jiménez 

Honores rendimos a doña Colombia, una de las fundadoras del templo de Nuestra Señora del Pilar. De nuestro vecindario se fue hace unos siete años a residir en Armenia (Quindío), en donde falleció a principios del mes de mayo del año (2012), a la edad de 89 años. 

Oriunda de Salamina, en donde fue alcaldesa. La mayor parte de su tiempo vivió en Manizales, en donde dejó historia por su emprendimiento y su civismo. Colaboró en fundacio­nes como la Cobija del Pobre y promovió campañas como la Operación Almohada para garanti­zarles la dormida a familias más pobres.

Doña Colombia había estudiado Psicopedagogía en Bogotá. En Manizales fundó el Colegio Colombia, en donde dedicó mucho de su tiempo a los niños.

miércoles, 3 de octubre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Doctor Ramón de Jesús Correa Jaramillo

6. GRANDES COLABORADORES 

Doctor Ramón de Jesús Correa Jaramillo 

Coprotagonista en la historia de nuestra Parroquia. Ya mencionamos su actividad cuando intervino en la consecución del sitio para la construcción del templo. Era don Ramón Correa, por esa época, empleado de las altas esferas en el Instituto de Crédito Territorial y, por esta misma época, había llegado como residente del núcleo uno de la célula cuatro de este sector. 

Además de ser conocedor del sector, su pretérito fue de importancia para el desarrollo de nuestra Parroquia; en efecto, fue estudiante del Seminario y por coincidencia condiscípulo de muchos sacerdotes de la Arquidiócesis y, entre ellos, algunos relacionados con nuestra Parroquia: Monseñor Duván Isaza, Pbro. Antonio Nieto, Pbro. José Pablo Escobar. Recordemos que fue el encargado de preparar el sitio para la primera Liturgia ya como Parroquia, cuando fue nombrado como primer administrador el citado Pbro. Isaza; fue precisamente a las puertas del núcleo en donde reside el doctor Ramón. 

Cuando el doctor Ramón dejó sus estudios en el Seminario, fue a Bogotá en donde validó su bachillerato en el Colegio Nicolás Esguerra. Ya en su época de “abuelo” cursó estudios de Jurisprudencia en la Universidad de Caldas y, en 1986, recibió su diploma como abogado. 

Ha sido el doctor Ramón un diligente celador del desarrollo de las actividades parroquiales. Cabe aquí una anécdota inolvida­ble: un político de pueblo ofreció $ 500.000 (quinientos mil pesos) para la construcción del templo, con la condición de que el párroco le firmara la cuenta por un millón de pesos, con el fin de pasarles medio millón a un grupo de damas grises de uno de los pueblos del oriente de nuestro Departamento. El doctor Ramón conoció de la trampa del politiquero, pues ni damas grises existían en esos lares. Así mismo, el señor Hernando Henao, periodista e investigador vinculado con el Poder Judicial intervino para evitar el fraude; el templo no contó con el auxilio y el politiquero seguramente debió optar por otro camino para ganarse el dinero que tenía en mente.

martes, 2 de octubre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Diácono Javier Aristizábal Aristizábal

6. GRANDES COLABORADORES 

Diácono Javier Aristizábal Aristizábal 

Este hijo de Pensilvania llegó a vivir en Villa Pilar; antes de existir la Parroquia era bastante conocido en el vecindario. Puede suponerse que Nuestra Señora del Pilar pasó sobre su residencia y con su manto sagrado lo cubrió a él y a su familia y los comprometió con la acción en pro de la Parroquia de la que ha sido no sólo un fiel testigo desde su iniciación, sino también un colaborador incondicional. Hasta 1985 vivió al frente del Templo; luego fue a vivir unas cuadras más arriba, justo donde está marcado el límite de lajurisdicción parroquial. 

En el CECAM realizó estudios de Filosofía y Teología; del grupo fueron cuatro candidatos para el diaconado. Sólo él fue seleccionado y el 15 de diciembre de 1990, recibió, de manos de Monseñor Betancur Tirado la orden anhelada y, desde entonces, ha sido como mano derecha en la Parroquia. Los domingos visita a los enfermos del sector de Villa Pilar y les proporciona asesoría espiritual; está íntimamente ligado con la Pastoral de la Salud.

lunes, 1 de octubre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Presbítero José Dubel Londoño Ríos

6. GRANDES COLABORADORES 

Presbítero José Dubel Londoño Ríos 

José Dubel oriundo de San Félix (Caldas), nació el 30 de julio de 1940; hijo de Manuel y Clementina, y bautizado por el Padre Misael Toro en el Templo parroquial de San Félix en donde también recibió posteriormente los sacramentos de la Confirmación y primera Confesión y Comunión. Allí mismo sirvió como monaguillo e inició sus servicios de apostolado en el templo, pues dirigió un grupo de la Cruzada Eucarística. 

Estudios: 

Cursó primaria en la escuela de varones de San Félix; luego, en la misma población ingresó al seminario de la Consolata con los Padres Misioneros Italianos, pasó luego a Bogotá en donde cursó otros dos años de bachillerato, también con los religiosos de la misma comunidad. En 1960 ingresó al Seminario Menor de Manizales para terminar su bachillerato y en 1961 pasó al Seminario mayor de Manizales, en donde cursó estudios de filosofía y Teología. 

De manos de Monseñor Arturo Duque Villegas, Arzobispo de Manizales, recibió la ordenación sacerdotal. 

En 1968 inició su ministerio sacerdotal en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de la Dorada donde permaneció sólo seis meses; luego fue trasladado a Samaná (Caldas) en donde, entre otras labores pastorales, trabajó con los jóvenes y con ellos fundó el Centro Religioso Cultural y Recreativo (CERCUR) destinado a su formación integral. 

En 1969 fue trasladado a Bolivia Caldas y, en el mismo año, a la Parroquia de Salamina; allí ingresó al magisterio y trabajó en el Instituto Salamina como profesor de Religión por cuenta de la Parroquia. 

En 1971 pasó a Florencia Caldas en donde recibió nombramiento como rector del colegio Pió XII del corregi­miento. 

En 1973 fue nombrado administrador Parroquial de San Daniel y continuó como rector del colegio oficial mixto de la localidad. 

En Febrero de 1976 recibió traslado a la Parroquia de Aranzazu como Vicario Parroquial y asumió como capellán profesor del colegio Pío XI. 

En Febrero de 1977, fue nombrado Vicario Parroquial de San Antonio en Manizales y trasladado como profesor capellán al Instituto Técnico Industrial de la ciudad. 

En Agosto de 1978 pasó a la Parroquia de Neira como Vicario Parroquial y como capellán profesor en la Normal Nuestra Señora del Rosario. 

En abril de 1980 recibió traslado como profesor capellán al Colegio Mariano Ospina Pérez de Manizales, jornada de la tarde, y en junio del mismo año a la Parroquia de San Joaquín de Manizales. 

En Febrero de 1981 recibió traslado como Vicario Parroquial a la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Villa María, mientras continuó con su vinculación al Colegio Mariano Ospina Pérez, hoy Colegio Integrado Villa del Pilar. 

Entre los años 1983 y 1986 realizó estudios nocturnos en la Universidad católica de Manizales y obtuvo el título de Licenciado en Educación con Especialidad en Ciencias Religiosas. 

En 1991, dejó la parroquia de Villa María y se trasladó a su residencia familiar mientras prestaba sus servicios pastorales en varias parroquias, y luego fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar en Manizales. 

En marzo de 1992 recibió el nombramiento y se posesionó como Supervisor de Educación al servicio del departamento de Caldas y, en enero del 2003, hizo traspaso con igual cargo al servicio del municipio de Manizales. 

El 30 de Julio de 2005, renunció como directivo docente y continúa adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar en Manizales.

viernes, 28 de septiembre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Monseñor Tulio Duque Gutiérrez

6. GRANDES COLABORADORES 

Monseñor Tulio Duque Gutiérrez 

Nació en el municipio de Pácora (Caldas), en 1935. Cursó estudios de bachillerato en el Seminario de la Estrella, de la Sociedad del Divino Salvador; luego, estudió filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá; allí recibió licenciatura; y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma cursó Teología. Fue ordenado sacerdote en marzo de 1966 en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma. 

A su regreso a Colombia, fue párroco de “Los Doce Apóstoles” en Medellín, promotor vocacional de los Salvatorianos, párroco del “Divino Salvador” en Bogotá, Párroco del “Divino Salvador” en Manizales, Vicario Episcopal de religiosos de la Arquidiócesis de Bogotá, Vicario Provincial y ecónomo, consejero general de la Sociedad del Divino Salvador y secretario para las misiones en Roma, rector del Colegio- Seminario de la Estrella, superior provincial de los Salvatorianos; desempeñó también el cargo de Presidente de la Conferencia de Religiosos de Colombia en 1980-1981. 

El 7 de octubre de 1993, fue nombrado obispo titular de Stipa y Auxiliar de Medellín. 

Recibió la consagración episcopal de manos del Nuncio Apostólico, Paolo Romeo y fue conconsagrante el entonces arzobispo de Medellín, monseñor Héctor Rueda Hernández. 

En septiembre de 1995 fue nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Apartado y el 18 de marzo de 1997 fue nombrado obispo titular de dicha sede diocesana. De mucho valor fue su actividad apostólica durante su episcopado en esta región. 

El 25 de julio de 2001 el Papa Juan Pablo II, lo designó como obispo de la diócesis de Pereira, de la cual tomó posesión canónica el 21 de septiembre del mismo año. Se desempeñó hasta llegar a su edad de retiro en julio de 2011. 

Desde entonces, el Arzobispo Emérito de Pereira nos ha acompañado en la asistencia sacramental los fines de semana, de lo cual vivimos muy orgullosos los feligreses de esta Parroquia.

jueves, 27 de septiembre de 2018

6. GRANDES COLABORADORES Monseñor Gonzalo Restrepo Restrepo

6. GRANDES COLABORADORES 

Monseñor Gonzalo Restrepo Restrepo 

El actual Arzobispo de nuestra Arquidiócesis es hoy el colaborador número uno de nuestra Parroquia. 

Una visión de este gran personaje la tomamos de una genial crónica escrita por nuestro académico José Miguel Alzate15. 

Un Arzobispo de ascendencia humilde. 

Tiene la apariencia de un hombre bondadoso. Su rostro, delgado, de líneas ligeras, un poco pálido, enseña el semblante interior de un hombre formado en valores. Unos ojos que se esconden, vivaces, detrás de dos espejuelos, revelan una mirada atenta. Es la mirada de un hombre de Dios que ha tenido la oportunidad de recorrer el mundo, que a través de los años ha podido acumular lecturas, que está llamado a brindar luz en momentos de oscuridad. Las manos, delgadas, con un anillo sagrado en el dedo anular derecho, se entrecru­zan sobre el escritorio unos dedos largos de uñas bien cuidadas. El Santo Cristo de plata que pende del cuello y cae, perpendicular, sobre el pecho, inspira un respeto sagrado. 

Es Monseñor Gonzalo Restrepo Restrepo, el nuevo Arzobispo de Manizales, el prelado que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de conducir a la Iglesia Católica caldense por caminos de renovación carismática. No muy alto, de constitución delgada, caminar pausado y sonrisa espontánea, el nuevo jerarca de la iglesia caldense es una persona sencilla, sin esa estampa prosopopéyica que suele caracterizar a los altos prelados. Llegó a Manizales el 7 de octubre de 2009 para colaborarle a monseñor Fabio Betancur Tirado como Arzobispo Coadjutor. Vino procedente de Girardota, donde se desempe­ñaba como obispo titular de esa diócesis. El Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo titular después de que aceptó la renuncia, por quebrantos de salud y edad cumplida, de Monseñor Betancur Tirado. Proviene de familia campesina. Su padre, Guillermo Restrepo, fue un agricultor apasionado por el derecho. Tanto que en la población antioqueña de Urrao, donde era un ciudadano respetado, lo consultaban en asuntos de leyes. Todo porque desde niño sintió inclinación por esta disciplina. En la finca Santa Isabel, ubicada en la vereda Quebradarriba, a una hora del casco urbano, mantenía libros de derecho que leía con interés. Sin haberse graduado de abogado, asesoró a varios ciudadanos en asuntos civiles. "Mi padre era un hombre de mente ágil, muy bueno para las matemáticas", responde cuando el cronista le pregunta por su círculo familiar. Entonces cuenta que, a la hora del almuerzo, reunía a toda la familia en torno a la mesa del comedor y, antes de empezar a digerir los alimentos, sometía a los 9 hijos a prácticas con los números. "Ahí empecé a interesarme por el estudio", dice con ese asomo de humildad que se le descubre a primera vista. 

Monseñor Gonzalo Restrepo recibe al cronista en su despacho del segundo piso en el Palacio Arzobispal. No es, la suya, una oficina ostentosa, como podría pensarse. Al contrario, es un despacho sencillo, sin nada que demuestre poder. Sobre un escritorio metálico reposan papeles eclesiásticos que debe revisar. Al fondo, sobre una pequeña mesa de madera, hay un computador de pantalla plana, de última tecnología. Es lo único sofisticado en este espacio donde se decide el destino de los asuntos religiosos del departamento. El teléfono timbra poco. En cambio, su celular suena en forma insistente. "Estos son adelantos tecnológicos. Ya todo se maneja por intermedio de este adminículo", dice en tono resignado mientras contesta una de las tantas llamadas que le entran al día. 

En Urrao, el pueblo donde nació el 8 de agosto de 1947, alcanzó a vivir apenas hasta la edad de 5 años. La familia se tuvo que trasladar a Medellín por amenazas contra su padre. Fue en la época de la violencia política. De allí que no conserve recuerdos de sus tiempos de infancia en esta población antioqueña. La única imagen que conserva en la memoria pertenece a su época de estudiante, cuando cursaba la primaria en el Colegio El Sufragio, de Medellín, de la Comunidad Salesiana. En vacaciones se iba con su mamá y alguna de sus tres hermanas a visitar a las tías que entonces tenía en el pueblo. Subían hasta la finca Santa Isabel. Pero eran visitas cortas. Todavía tenía vivo en el recuerdo las razones que causaron el desplazamiento. "Monseñor: ¿le habría gustado vivir su juventud en ese pueblo?, le pregunta el cronista. Y con una voz donde se asoma una ligera nostalgia, contesta: "Habría sido interesante. Sobre todo por ese sentido de la solidaridad que existe en los pueblos". 

En la forma como narra la historia del desplazamiento de su familia se descubre su sencillez. No hay en su vocabulario palabras ofensivas. Tampoco un sentimiento de odio por las circunstancias en que la familia abandonó a Urrao. Simplemente acepta que esa fue la vida que le tocó vivir a su padre. Ir de allá para acá, buscando siempre la estabilidad económica para garantizar el bienestar de la familia. Así se hizo, en Calarcá, comprador de café. 

Recuerda la llegada al pueblo quindiano, Salieron de Medellín una madrugada, los corotos en un viejo camión. Arribaron en las horas de la noche, cuando ya la luna había aparecido en el firmamento. Como a esa hora estaba cayendo un fuerte aguacero, entre todos descargaron los enseres. Al día siguiente ya estaba matriculado en el Colegio Mariscal Sucre, donde cursó cuarto y quinto de primaria. Años más tarde se trasladaron a vivir a Armenia. Allí se instalaron en una casa grande, cerca a la iglesia de San Francisco. Al joven estudiante Gonzalo Restrepo Restrepo nunca se le pasó por la mente la ¡dea de hacerse religioso. Es decir, en su infancia no dio demostracio­nes de querer servir a la iglesia. Aunque asistía a misa todos los días, jamás simuló en su casa la celebración de la Santa Misa. Tampoco cuando inició el bachillerato en el Colegio Jorge Robledo, de Armenia. Ni siquiera en 1962, a la edad de 15 años, cuando ingresó al Seminario Menor de Medellín, donde se graduó de bachiller académico. Su vocación se manifestó en el seminario. Al regresar a Armenia, terminado el bachillerato, su mamá, a quien cariñosamente todos llamaban Ramoncita, que era una mujer devota de la Virgen del Carmen, lo llevó un día a misa a la Iglesia de San Francisco. Fue allí donde sintió por primera vez el deseo de hacerse sacerdote. Todo porque, debido a la cercanía del padre Horacio Gaviria Vélez, que frecuentaba su casa, empezó a ver esta opción como un proyecto de vida. Eso sí, sin pensar jamás que alcanzaría la dignidad de arzobis­po. 

Una tarde, recién llegado del seminario, mientras leía un libro en la sala de la casa, ya con el grado de bachiller, el papá le preguntó: "¿Qué quiere estudiar, hijo?". Y él, levantándose de la silla, le contestó: "¡Quiero ser sacerdote!". Sorprendida, doña Ramoncita enarcó las cejas. "¡Qué excelente noticia. Yo siempre he soñado con tener un hijo sacerdote", dijo con una voz donde se adivinaba una alegría interior. Entonces la familia organizó todo para que viajara nuevamente a Medellín e ingresara en el Seminario Mayor para estudiar Filosofía. A la mamá el sueño se le hizo realidad ocho años después, el 1 de junio de 1974, cuando vio a su hijo recibir la ordenación sacer­dotal de manos de Monseñor Tulio Botero Salazar, Arzobispo de Medellín. Ese día todo fue regocijo en la familia. Los seis hermanos asistieron al acto. Sobre todo porque fue el único miembro que optó por el estudio. Los demás se dedicaron a oficios menores: comerciantes, conductores, empleados, Desde entonces se convirtió en el orgullo de la casa. 

Los feligreses de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Medellín, jamás se imaginaron que ese sacerdote joven, apuesto, estudioso, que había llegado días antes como coadjutor, llegaría a convertirse en alto jerarca de la iglesia. Lo veían como un sacerdote más, de esos que llegan a los barrios para cumplir una misión social sin pensar que la vida le puede deparar grandes sorpresas. Cuando se enteraron que había sido nombrado profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, sólo atinaron a decir: "Es un sacerdote estudioso". Por esta razón, no se sorprendieron cuando, un año después, estrechán­doles la mano, se despidió de ellos. Se iba a estudiar filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma. Allí obtuvo el doctorado en filosofía con una tesis que monseñor Peter Henrici calificó como excelente. La tituló "El deseo fundamental del hombre". Era una tesis novedosa desde el punto de vista teológico. Analizaba el pensamiento del filósofo Jean Paul Sartre sobre la angustia del hombre. El entonces padre Gonzalo Restrepo proponía, frente a ella, la esperanza cristiana. 

Monseñor Gonzalo Restrepo es el único prelado que ha recibido la noticia sobre su exaltación al episcopado directamente en la Ciudad de Roma. Fue el 4 de diciembre de 2003. Era una mañana despejada. La noche anterior había caído una lluvia menuda. En la Ciudad Santa se encontraba, haciendo diligen­cias relativas a su cargo como Nuncio Apostólico de su Santidad en Colombia, monseñor Beniamino Stella. El padre Gonzalo Restrepo también estaba allí, en gestiones de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Se desempeñaba a la sazón como rector de ese plantel de enseñanza superior. Había sido elegido como tal para el período 1998-2000. Y nuevamente para el período 2000-2003. Por su excelente labor, fue reelegido para el periodo 2004 - 2007. Pero la noticia de su nombramiento como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cali cambió su destino. Tuvo que renunciar a la rectoría para asum i r sus nuevas responsabilidades al lado de Monseñor Juan Francisco Sarasti Jaramillo. 

Esa mañana el Nuncio lo citó al Domus Santa Marta, el lugar donde se hospedan los jerarcas de la iglesia católica cuando van de visita a Roma. Su sorpresa fue grande cuando Monseñor Beniamino Stella le dijo: "El Papa Juan Pablo Segundo lo acaba de nombrar obispo". Se estremeció con la noticia. En esc instante sintió como si un viento suave recorriera su cuerpo. Se hacía, por fin, realidad ese vaticinio.