miércoles, 9 de enero de 2019

SAN SILVESTRE I

('Siglo III/+335)

Nació en Roma en el siglo III y fue elegido Sumo Pontífice en el año 314, cargo en el que estuvo hasta el año 335. Vivió bajo el reinado de Constantino el Grande, tiempo de mucha relevancia, pues en esta época se terminan largos años de persecución y tormentos para los cristianos que querían vivir su fe en paz y tranquilidad. El Obispo Eusebio de Cesárea escribió acerca de esta paz: “Los que tenemos puesta la esperanza en Cristo gozamos de una alegría increíble, y en el rostro de todos brillaba una especie de divina jovialidad al ver cómo los lugares antes derribados por la impiedad de los tíranos revivían como si se levantaran de una larga y funesta enfermedad, al ver cómo los templos volvían a alzarse desde el suelo hasta grandes alturas  

"Detengámonos a contemplar el pesebre; entremos en la verdadom Navidad con los pastores, llevando al Niño Jesús lo que somos". (Papa Francisco) 
Lunes
y cómo resplandecían con un culto mucho más esplendoroso que el de antes de ser destruido". El emperador Constantino le regaló a San Silvestre el palacio de Letrán en Roma para que fuera la sede del Vicario de Cristo y este Papa construyó la antigua Basílica de San Pedro en el Vaticano y la primera Basílica de Letrán. Durante su Pontificado, convocó el Concilio de Nicea del año 325, en el cual los obispos de todo el mundo declararon que el Hijo de Dios es engendrado, no creado y de la misma substancia que el Padre, y condenó a Arrio que afirmaba que el Hijo de Dios salió de la nada y que sería de una substancia distinta a la del Padre (Concilio de Nicea: DS 130). También luchó contra la herejía donatista, que afirmaba que la Iglesia visible está compuesta solamente de justos y santos, y que los sacramentos son inválidos si se administran por un ministro indigno, lo cual no es así. Además, el Papa San Silvestre tuvo la alegría de bautizar a Constantino, el primer emperador que se hizo cristiano, ya que todos los anteriores habían sido paganos y perseguidores de los cristianos. Murió en el año 335 en Roma.

martes, 8 de enero de 2019

SANTO TOMÁS BECKET

(*1118/+1170) 

Obispo y mártir Hombre austero, piadoso, entregado a sus deberes con sinceridad, guiado por su conciencia y muy tenaz en la defensa de la libertad de la Iglesia. Nació en Londres en 1118. Al ser ordenado Diácono fue colaborador del arzobispo de Canterbury, Teobaldo. Este murió en 1161 y el rey Enrique II, gracias al privilegio que le había concedido el Papa, pudo elegir a Santo Tomás como sucesor para la sede primada de Canterbury. Tras este nombramiento, nuestro santo se convirtió en un gran defensor de los derechos de la Iglesia y un celoso pastor de almas; sin embargo, Santo Tomás le había advertido al rey: “Señor, si Dios permite que yo sea arzobispo de Canterbury, perderé la amistad de su majestad”. Tras ser ordenado sacerdote el 3 de junio de 1162, y luego consagrado obispo, Santo Tomás Becket no tardó en enemistarse con el soberano. Las “Constituciones de Clarendon” de 1164 habían restablecido ciertos derechos abusivos del rey caídos en desuso; Santo Tomás Becket no quiso reconocer las nuevas leyes, por eso se ganó la ira del rey y tuvo que huir a Francia, donde pasó seis años de destierro. Tras haberse establecido una paz formal con el rey, y por los consejos de moderación del Papa Alejandro III, Santo Tomás pudo regresar a Canterbury y fue recibido triunfalmente por los fieles. Como primer acto, desautorizó a los obispos que habían aceptado las “Constituciones” del rey; este hecho hizo que Enrique II perdiera la paciencia, lo cual se reflejó en esta frase: “¿quién me quitará de entre los pies a este cura intrigante?”. Cuatro caballeros armados, sicarios del Rey, salieron para Canterbury y a pesar de las advertencias el arzobispo permaneció en su puesto. Él los recibió en la catedral, revestido con los ornamentos sagrados, y se dejó apuñalar sin oponer resistencia, exclamando: “acepto la muerte por el Nombre de Jesús y por la Iglesia”. Murió martirizado en el año 1170 en Canterbury (Inglaterra). El Papa Alejandro III lo canonizó en el año 1173.

lunes, 7 de enero de 2019

SAN JUAN

Apóstol y Evangelista Este discípulo de Jesús era hermano de Santiago, hijo de Zebedeo, oriundo de Betsaida y autor del cuarto Evangelio y del libro del Apocalipsis. El Papa Benedicto XVI, en la Audiencia General del 5 de julio de 2006, nos recuerda que Juan “estaba arreglando las redes a orillas del lago de Tiberíades, cuando Jesús lo llamó junto a su hermano (Mt 4, 21; Me 1, 19). Juan siempre forma parte del grupo que Jesús lleva consigo en determinadas ocasiones. Dentro de la Iglesia de Jerusalén, Juan ocupó un puesto importante en la dirección del primer grupo de cristianos. De hecho, Pablo lo incluye entre los que llama las ‘columnas’ de esa comunidad (Ga 2, 9). En realidad, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, lo presenta junto a Pedro mientras van a rezar al templo o cuando comparecen ante el Sanedrín para testimoniar su fe en Jesucristo. Junto con Pedro es enviado por la Iglesia de Jerusalén a confirmar a los que habían aceptado el Evangelio en Samaría, orando por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Según la tradición, Juan es ‘el discípulo predilecto’, que en el cuarto Evangelio se recuesta sobre el pecho del Maestro durante la última Cena, se encuentra al pie de la Cruz junto a la Madre de Jesús y, por último, es testigo tanto de la tumba vacía como de la Presencia del Resucitado. Sabemos que los expertos discuten hoy esta identificación, pues algunos de ellos solo ven en él al prototipo del discípulo de Jesús. Dejando que los exégetas aclaren la cuestión, nosotros nos contentamos ahora con sacar una lección importante para nuestra vida: el Señor desea que cada uno de nosotros sea un discípulo que viva una amistad personal con Él. Para realizar esto no basta seguirlo y escucharlo exteriormente; también hay que vivir con Él y como Él”. San Juan murió en Éfeso durante el imperio de Trajano (98-117). 

viernes, 4 de enero de 2019

SAN ESTEBAN, PROTOMÁRTIR

(+40)

Diácono y Primer Mártir de la Iglesia. Hombre lleno de Espíritu Santo y sabiduría que recibió la corona del martirio por anunciar la Buena Noticia. Nació en Jerusalén en tiempos del Señor Jesús. El Papa Francisco, en el Angelus del 26 de diciembre de 2015, nos hace reflexionar al afirmar que “el recuerdo del primer mártir sigu inmediatamente a la Solemnidad de la Navidad. Ayer contemplábamos el amor misericordioso de Dios, que se ha hecho carne por nosotros; hoy vemos la respuesta coherente del discípulo de Jesús, que da su vida. Ayer nació en la tierra el Salvador; hoy nace para el cielo su testigo fiel. Ayer, como hoy, aparecen las tinieblas del rechazo de la vida, pero brilla más fuerte aún la luz del amor, que vence el odio e inaugura un mundo nuevo. Hay un aspecto particular en el relato de hoy de los Hechos de los Apóstoles, que acerca a San Esteban al Señor. Es su perdón antes de morir lapidado. Jesús, clavado en la cruz, había dicho: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’ (Le 23, 34); de modo semejante, Esteban ‘poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: Señor, no les tengas en cuenta este pecado' (Hch 7, 60). Por tanto, Esteban es mártir, que significa testigo, porque obra como Jesús. En efecto, es un verdadero testigo el que se comporta como Él: quien ora, ama y da, pero, sobre todo, el que perdona, porque el perdón, como dice la misma Palabra, es la expresión más alta del don. Pero perdonar no es una cosa fácil, es siempre muy difícil. ¿Cómo podemos imitar a Jesús? ¿Por dónde comenzar para disculpar las pequeñas o grandes ofensas que sufrimos cada día? Ante todo por la oración, como hizo Esteban. Se comienza por el propio corazón: podemos afrontar con la oración el resentimiento que experimentamos, encomendando a quien nos ha hecho el mal a la misericordia de Dios: Señor, te pido por él, te pido por ella”. San Esteban murió martirizado en Jerusalén hacia el año 40. Sus reliquias se veneran en la Basílica de San Lorenzo.

jueves, 3 de enero de 2019

LA NAVIDAD TRAE CONSIGO UNA PROMESA

La Natividad de Jesús no es un evento más dentro de la historia; por el contrario, es un suceso que ha llegado a transformar el corazón de millones de personas alrededor del mundo. El mismo Evangelio de San Juan da testimonio de este hecho cuando afirma: “Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido narrados en este libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengan en Él vida eterna.” (Jn 20, 30- 31). ¡Cómo llegar a menospreciar el testimonio que el mismo Hijo de Dios ha querido dar a través de sencillos instrumentos que han manifestado con gozo el obrar de Dios en sus vidas! El salmo 70 expresa la experiencia de aquel que reconoce que Dios, desde el vientre materno y mucho antes, ha sido confianza, apoyo y sustento, y por las mismas razones no escatima esfuerzos para proclamar a viva voz las maravillas que el Señor del universo ha hecho en él. Jesús no llega solo, trae consigo una promesa y esta quiere llegar a los corazones de muchos seres humanos, pero para que eso sea posible es necesario que estemos dispuestos a no ser simples espectadores, sino instrumentos vivos en las manos de Aquel que trae esperanza. Unámonos al Fiat de la Madre de Dios para que infunda en nosotros el deseo de asumir con valentía la Voluntad del Padre.

miércoles, 2 de enero de 2019

SAN JUAN DE LA CRUZ

(*1542/+1591)

Cofundador de la Orden de los Carmelitas descalzos

Presbítero y Doctor de la Iglesia, nació en Fontiveros (España) en 1542. A los 21 años fue recibido como religioso en Diciembre

la comunidad de Padres Carmelitas al ser ordenado sacerdote en 1567, pidió a Dios como especial regalo que lo conservara siempre en gracia, sin pecado y que pudiera sufrir con mucho valor y paciencia toda clase de dolores, penas y enfermedades. Junto con Santa Teresa de Jesús, fundó la comunidad de Carmelitas descalzos; allí tomó el nombre de Juan de la Cruz. Al fundar su nuevo convento en Salamanca (España), fue nombrado como rector y se dedicó con todas sus fuerzas al apostolado, pues Dios le había concedido una cualidad especial: la de saber enseñar el método para llegar a la santidad. El Papa San Juan Pablo II nos recordó que “Juan de la Cruz siguió las huellas del Maestro, retirándose a oraren parajes solitarios. Lo hizo en largas vigilias de oración al pie de la Eucaristía, ese Vivo pan’ que da la vida, y que lleva hasta el manantial primero del amor trinitario. San Juan de la Cruz, con su propia experiencia, nos invita a la confianza, a dejarnos purificar por Dios; en la fe esperanzada y amorosa, la noche empieza a conocer ‘los levantes de la aurora’; se hace luminosa como una noche de Pascua (‘¡Oh noche amable más que la alborada!’) y anuncia la Resurrección y la victoria, la venida del Esposo que junta consigo y transforma al cristiano: Amada en el Amado transformada”. Al partir hacia la casa del Padre, en 1591, dijo: ‘‘Hoy voy a cantar el Oficio en el Cielo”. En el año 1726 fue canonizado por el Papa Benedicto XIII y proclamado Doctor de la Iglesia en 1926 por el Papa Pío XI.

martes, 1 de enero de 2019

SANTA LUCÍA

(*283/+304)


Patrona de los ciegos

Fue una joven laica cristiana mprometida con su fe que desde ly joven decidió consagrarse a Dios, conservando su pureza virginal. Nació el año 283 en Siracusa (Italia), cuando llegó a la adolescencia su madre, Eutiquia, quiso darla como esposa a un joven rico pagano; sin embargo, nuestra Santa imploró juiosamente a Dios que la liberara ese matrimonio no voluntario. El flor escuchó su oración y Eutiquia 'ó gravemente enferma. Santa la le dijo a su madre: 

“Vamos en peregrinación a la tumba de Santa Águeda y si quedas curada, me concederás el permiso para no casarme”. Realizaron un peregrinaje a la tumba de Santa Águeda y, por obra del Señor, su madre quedó curada. Ante este milagro, Eutiquia respetó su deseo de llevar una vida virginal y consagrada a Dios. No obstante, el joven pretendiente se sintió frustrado y su enojo lo llevó a decirle al procónsul Pascasio que Santa Lucía era cristiana, religión que estaba totalmente prohibida en el imperio. La llevaron ante el juez para interrogarla y hacerle adorar dioses paganos, a lo que respondía sin titubear: “Jamás podrán apartarme del amor a mi Señor Jesucristo”. La amenazaron con llevarla a un lugar de prostitución para profanar su cuerpo, pero ella respondió: “Aunque el cuerpo sea irrespetado, el alma no se mancha si no acepta consciente el mal”. Trataron de llevarla a aquel lugar de maldad, pero ella se quedó inmóvil en el sitio donde estaba y entre varios hombres no fueron capaces de moverla de allí. El procónsul ordenó que le atravesaran con una espada la garganta y le sacaran los ojos, lo cual le provocó la muerte. Murió martirizada en Siracusa (Italia) en el año 304. Se le invoca para la ceguera espiritual y física y el mal de garganta.