viernes, 9 de noviembre de 2018

SAN VICENTE DE PAUL



(*1581/+1660) 

Presbítero, patrono de las obras de caridad y fundador de la Congregación de la Misión (Vicentinos) y de las Hijas de la Caridad. Nació en Pouy, Francia, en 1581. Desde muy joven se abrió en su corazón el ideal de entregarse al servicio de los pobres y siguió la llamada al servicio en la Iglesia en el sacerdocio. En su vida había un solo lema: “Servir a los pobres para toda su vida”. Vio la necesidad de organizar este servicio, por lo que fundó La Confraternidad de la Caridad con un grupo de hermanas laicas. Más adelante formó otra institución semejante para varones que llamó Los Servidores de los Pobres. Por último, surgió una tercera obra con sacerdotes de la misión que se llamaron Congretatio Missionis o Lazaristas, porque la sede estaba en la Parroquia de San Lázaro en París. Más adelante, Dios puso en su camino una extraordinaria mujer, Luisa de Marillac, que llevó en su corazón el mismo fuego que San Vicente sentía; con ella fundaron Las hijas de la Caridad. Ninguna persona era excluida de su asistencia; cuanto más se entregaba, sentía más fuerzas para seguir dándose, especialmente a los pobres, a quienes amó y sirvió. Murió en 1660 en París, Francia. En 1737 el Papa Clemente XII lo canonizó. La reliquia de su corazón se conserva en la catedral de Lyon, Francia, y el sarcófago con sus restos en la capilla de la casa madre de los Lazaristas en París.

jueves, 8 de noviembre de 2018

SAN PÍO DE PIETRELCINA


(*1887/+1968) 


Presbítero. Nació en 1887 en Pietrelcina, Italia. Decidió seguir ni Señor desde el estilo de vída religiosa siendo fraile capuchino, orden a la que ingresó a los 16 años. Ordenado sacerdote, su inestable salud lo retuvo por algunos años con su familia, pero mientras tanto, Dios fue preparándole con regalos y gracias extraordinarias para la misión que habría de desarrollar en el convento de San Giovanni Rotando. Allí vivió el hermoso y doloroso proceso de su entrega a la Voluntad de Dios; su vida fue marcada por especiales fenómenos místicos que dejaron señales indelebles en su cuerpo y en su alma. Su santidad y carisma fueron un potente imán para las almas que buscaban a Dios; miles de personas iban a buscarlo para confesarse y participar en su mística Misa. Fue apóstol del confesionario y atendía a todas horas a los muchos que acudían a buscarlo, teniendo para todos una palabra de amor y de esperanza. De su corazón sacerdotal salieron numerosos frutos, entre ellos los Grupos de Oración y la Casa Alivio del Sufrimiento, por San Pío definida como “templo de oración y de ciencia”. El Papa San Juan Pablo II, en la predicación de la Santa Misa de canonización del Padre Pío en el 2002, dijo: “En toda su existencia buscó una identificación cada vez mayor con Cristo crucificado, pues tenía una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de modo particular en la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la Cruz no se comprende su santidad”. Murió en 1968 en Puglia, Italia.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA


En este mes meditamos la vida de uno de los cuatro evangelistas y escritor del Evangelio que lleva su nombre, dirigido a judeocristianos. Fue hijo de Alfeo. Vivió en Cafarnaún, en el lago de Galilea en tiempo de nuestro Señor. El Evangelista fue un publicano que recolectaba los impuestos para los romanos y al encontrarse realizando esta función, Jesús pasó y lo llamó; San Mateo sin dudarlo siguió el llamado de su Señor. El Papa Emérito, Benedicto XVI, nos cuenta que “Mateo está presente en la lista de los Doce elegidos por Jesús (Mt 10, 3). En hebreo, su nombre significa ‘don de Dios’. El Evangelio canónico que lleva su nombre lo presenta en la lista de los Doce con un apelativo muy preciso: ni publicano’. De este modo, se identifica con el hombre sentado en el despacho! de impuestos, a quien Jesús llama a su seguimiento (Mt 9, 9). También San Marcos y San Lucas narran la llamada del hombre sentado en el despacho de impuestos, pero lo llaman ‘Leví’. Esto implicaba para él abandonarlo todo, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a menudo injusta y deshonrosa. Evidentemente, Mateo comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios”.

martes, 6 de noviembre de 2018

CÓMO PUEDE UN HOMBRE GUARDAR RENCOR A OTRO Y PEDIR LA SALUD AL SEÑOR?



Cada domingo asistimos a la Eucaristía, el mayor regalo que nos ha dejado Jesús. 

Esto implica una actitud de cambio. Cada celebración de la Eucaristía nos debe transformar: salimos del Templo pero con la Gracia de Dios; no salimos solos, nos llevamos muchas bendiciones que no podemos desperdiciar en el resto de la vida. Sería muy interesante llevar un cuaderno donde escribamos el compromiso de cada Eucaristía dominical e ir evaluándolos constantemente. En la primera lectura encontramos una invitación a mirar todas aquellas cosas que no son agradables a Dios y que son abominables: el rencor, la cólera y la venganza. Todo esto molesta a Dios y requiere de una conversión sincera. Perdonar de corazón es ganarnos el perdón de Dios. “Piensa en tu fin y deja de odiar”, con estas palabras, el Señor nos está invitando a reflexionar sobre nuestro destino final donde nos encontraremos cara a cara con Él y le presentaremos las cuentas de nuestra vida. “Ten presente los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo”. El Salmista en este domingo también nos exhorta a tener presente el perdón que Dios nos da y por eso “rescata nuestra vida del sepulcro”, en definitiva, Dios solamente desea nuestro bien porque nos ama infinitamente y “nos colma de amor y ternura”. ¿Será que nosotros podemos hacer lo mismo? En la segunda lectura, del apóstol San Pablo a los Romanos, encontramos que “vivir para el Señor” es agradarle en todo cuanto hagamos. Siempre somos del Señor, vivos o muertos, creyentes o ateos, católicos o no; en Dios esta nuestra vida, debemos siempre tenerlo presente en el actuar de cada día. Por lo tanto, el pecado no debe reinar en nosotros y desde una sincera conversión procurar glorificar a Dios con los mejores actos de nuestro ser. En el santo Evangelio encontramos la pregunta que Pedro le hace a Jesús; la respuesta es muy clara: el perdón no tiene límites, eso quiere decir “setenta veces siete”. Todos los días podemos encontrarnos con situaciones que nos llevan a practicar el amor, el perdón, la misericordia, la compasión, etc. Por eso, el perdón no tiene límites, porque siempre estará frente a nosotros algo o alguien que nos impulse a actuar como Dios nos pide.

lunes, 5 de noviembre de 2018

LA VIRGEN DE LOS DOLORES



El origen de esta fiesta lo encontramos en la devoción privada a los siete dolores de la Santísima Virgen María, 

fomentada ha partir del siglo XV. Los religiosos Servitos obtuvieron en el siglo XVII la aprobación de la celebración de la fiesta de los Siete Dolores de la Virgen María; posteriormente, en 1814, el Papa Pío VII inscribió también esta celebración en el Calendario de la Iglesia. Más tarde, en 1913, por voluntad del Papa San Pío X se estableció la fecha del 15 de septiembre como celebración de la Santísima Virgen María de los Dolores. Hoy recordamos al anciano Simeón, que le había anunciado a la Madre Santísima la oposición que iba a suscitar su Hijo, el Redentor, cuando Ella, a los cuarenta días de nacido, lo ofreció a Dios en el Templo: “Este niño debe ser causa de caída y de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán y a Ti misma una espada te atravesará el alma”. El Papa Benedicto XVI nos recuerda que “al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simeón de que su corazón de madre sería traspasado por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jesús lloró, también María lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su recogimiento nos impide medir el abismo de su dolor; la profundidad de esta aflicción queda solamente sugerida por el símbolo tradicional de las siete espadas” (siete dolores). La Virgen Santa lo sufrió todo por nosotros para que disfrutemos de la gracia de la Redención; sufrió voluntariamente para demostrarnos su amor, pues el amor se prueba con el sacrificio. La Iglesia nos exhorta a entregarnos sin reservas al amor de María y a llevar con paciencia nuestra cruz para salir victoriosos al encuentro del Señor.

viernes, 2 de noviembre de 2018

SANTOS COSME Y DAMIÁN




Patronos de los médicos, cirujanos y farmacéuticos 

Mártires. Nacieron en Arabia hacia el siglo III. “Cosme” significa “adornado, bien presentado”; “Damián”, significa “domador”. Se convirtieron al cristianismo y por amor a Dios, nuestro Señor, empezaron a llevar una vida de 'santidad y ejemplo para los demás. En Oriente los llaman “los no cobradores” porque ejercían la medicina sin cobrar nada a los pacientes pobres, pues tenían presente en su corazón las palabras del Evangelio: “Lo que han recibido gratis, denlo gratis”. Al llegarle la noticia a Diocleciano de que estos hombres eran cristianos, mando a Lisias, el gobernador de Cilicia, para que los capturara y los hiciera renegar de su fe. Trató sin éxito de que dejaran de predicar y como no lo consiguió, mandó que les cortaran la cabeza; así derramaron su sangre por amor al Divino Salvador. Después de su muerte se conoce la existencia de diversos templos dedicados a su nombre en Jerusalén, Egipto y la antigua Mesopotamia. La devoción a estos santos médicos se expandió rápidamente por la gran cantidad de milagros que se realizaban. En el siglo VI, el emperador Justiniano el Grande ordenó que la ciudad de Ciro fuera dedicada a ellos; en Constantinopla, el mismo emperador ordenó la construcción de una gran basílica en su nombre, donde se venerarían sus reliquias. 

Oración Colecta: Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a Ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

jueves, 1 de noviembre de 2018

DÍA TRAS DÍA, TE BENDECIRE Y ALABARÉ TU NOMBRE”




En el domingo, la Iglesia, reunida como la Familia de Dios, expresa su fe comunitaria y desde ahí se compromete a ser luz en medio de las vicisitudes de cada día. Una Eucaristía no nos puede dejar indiferentes; participemos con fe y esperanza celebrando el gran regalo de la Palabra de Dios. El profeta Isaías nos invita a “buscar al Señor" y de esa manera “abandonar los caminos malos". La búsqueda de Dios es interminable porque Él siempre se está manifestando de muchas maneras: en aquellas situaciones donde se necesita su fuerza o cuando vamos a emprender una obra para encomendarle nuestros proyectos. En la Eucaristía de hoy, dejemos que el Señor salga a nuestro encuentro y nos acompañe en nuestro caminar. Con las palabras del Salmista no podemos dudar que la búsqueda del Señor es constante: “Día tras día, te bendeciré y alabaré tu Nombre"; este es un compromiso que todos debemos vivir para que muchas personas se acerquen a Dios y afiancen su fe en Él. El apóstol San Pablo también nos presenta su experiencia, porque él ha sido un buscador incansable del Señor, a tal punto que su vida se ha transformado completamente: “porque para mí la vida es Cristo”. Una de nuestras metas es dejar que nuestra vida sea como la de Jesús; siempre seremos pecadores, pero el trabajar en su seguimiento diario nos ayudará a ser mejores. Es una lucha constante y San Pablo la ha sentido: a ustedes les corresponde llevar una vida digna según el Evangelio de Cristo. La parábola que nos presenta San Mateo es muy elocuente para comprender que la búsqueda de Dios es permanente y siempre hay una hora propicia para encontrarlo, nunca será tarde: en la mañana, al medio día, en la tarde o al anochecer; lo importante es descubrir su Presencia y no dejarnos ganar por la pereza. El Señor paga a todos por igual porque lo importante es seguir con su Reino de amor y justicia; no es trabajar por el Reino en términos económicos sino espirituales, por esto la mayor paga es el amor.